«Si un problema tiene solución ¿para qué preocuparse? y si no lo tiene, ¿para qué preocuparse?», proverbio japonés.
Por Lydia Vidal. Que levante la mano quien no tenga un problema… o doscientos. Podríamos pensar que todos los tenemos. Sin embargo, una de las cosas que enseña el Coaching Ejecutivo es a transformar problemas en retos, es decir, a cambiar lo que nos parece que son «muros inabordables» por una serie de acciones con las que sí podemos trabajar.
Así, el coaching está para ver como oportunidad lo que solemos ver (y sentir) como un obstáculo. Para lograr este cambio, la propuesta del coaching pasa por modificar nuestra perspectiva, nuestra mentalidad y, sobre todo, nuestro lenguaje. (O sea, casi nada).
Arranquemos proponiendo la idea de que un problema no es un problema… sino que un problema es un juicio. Es decir, frente a pensar que «no hay salida para tal cosa», pensar que lo que sucede es que «somos nosotros quienes no la estamos viendo». De esta manera, podemos separarnos y ver que no es la «cosa» la que está estancada, sino quiénes estamos siendo nosotros como observadores.
Los aprendizajes sobre juicios, observadores de la realidad y enfoques son clave y suceden en un proceso de coaching (de manera concreta e individual) o a gran escala en la Certificación en Coaching Ejecutivo. En este texto, no pretendemos entrar en metodologías específicas, pero sí mostrar un resumen de cómo pasar de problema a reto.
1. Un problema es una historia que nos contamos
El cerebro busca patrones y genera narrativas constantemente para darle sentido a la realidad. Lo que interpretamos como un problema es una construcción mental basada en nuestras experiencias y creencias. Si cambiamos la mirada, cambia la interpretación.
- «Mi equipo no se compromete» : ¿Es un hecho o una percepción? ¿Qué otra forma hay de verlo?
2. Ojo con el lenguaje de víctima
El lenguaje impacta en la forma en que percibimos la realidad y afecta a nuestra respuesta emocional y, por tanto, a nuestras acciones. Expresiones como «No puedo», «Siempre pasa lo mismo», «Esto no depende de mí» nos hacen creer que estamos atados.
- «Mi jefe no me escucha», de problema a reto:
- → «¿Cómo puedo comunicarme de forma más efectiva con mi jefe?»
- «No tengo tiempo», de problema a reto:
- → «Necesito organizarme mejor. ¿qué cambios puedo hacer?»
3. Enfócate en lo que sí está en tu mano
El cerebro es más eficiente cuando se enfoca en soluciones y acciones en lugar de en el problema. La neurociencia también demuestra que dirigir la atención a lo que podemos controlar reduce el estrés y mejora la toma de decisiones.
- «Nuestras reuniones son un caos», de problema a reto:
- → «Qué estructura clara para las reuniones me gustaría proponer?»
4. Deja de reaccionar y empieza a responder
La responsabilidad es la habilidad de responder de manera consciente. Cuando actuamos desde la reactividad, el automático domina. Pero si nos entrenamos en pausar y elegir nuestra respuesta, activando la corteza prefrontal, no solo tomaremos decisiones sino que estas serán más estratégicas.
- «No me toman en cuenta», de problema a reto:
- → «¿Cómo puedo hacer que mi voz tenga más impacto?»
5. Un reto tiene objetivo y dirección
Los problemas generan sensación de bloqueo, mientras que los retos activan circuitos de motivación y aprendizaje, de energía y acción.
- «Mi equipo no está alineado con los objetivos», de problema a reto
- → «Voy a diseñar una estrategia clara para alinear y motivar al equipo en los próximos 3 meses»
No podemos evitar enjuiciar, podemos cambiar el juicio
Como dicen nuestros facilitadores en la Certificación, «somos juicios con patas». Vamos por la vida interpretando la realidad a través de nuestras creencias, algo que es natural e inevitable, y está bien. Lo que solemos ignorar es que cambiando nuestra interpretación (cambiando el juicio), cambiamos la experiencia.
Así que, cuando sientas o declares que tienes un problema, pregúntate: «¿Y si lo que me preocupa no fuera un problema?» «¿Qué pregunta podría hacerme para pasarlo a reto?»
Bonus Tip: «Todo lo que sucede, sucede en una conversación».
